Entre la ilusión igualadora y la Pedagogía Social

La tradición educativa argentina «descansa» sobre la idea de una educación igualadora. Nos preguntamos cómo entender esta tradición hoy en nuestras escuelas. ¿Es una realidad efectiva o solo una ilusión que se apoya en el pasado? ¿Se construyen en el presente las acciones y estrategias que posibiliten la inclusión plena?

Argentina hace tiempo se debate entre un marco jurídico que habilita a la educación como un derecho fundamental y una situación educativa real que en los hechos pone en duda hasta dónde este derecho se cumple. Durante el siglo XX, de la escolarización dependió en gran medida la igualdad y la equidad, consecuencia del modelo educativo de la generación del 80; para abordar el tema primero miraremos al pasado para comprender el nacimiento de las ideas de igualdad y de inclusión. La escuela pública se relaciona con la constitución del Estado Moderno.

 


Los interesados en una mirada histórica pueden profundizar sobre este tema:

 

 

 

 

El derecho a la educación en la sociedad democrática actual 

La educación es la puerta de acceso a otros derechos y es también una de las herramientas esenciales para superar las desigualdades.
¿Las políticas de inclusión educativa de nuestro país, hacen posible la igualdad efectiva para desenvolverse en condiciones de acceso igualitario a la sociedad y la cultura? Evidentemente no, los datos estadísticos indican aumento del número de niños y niñas en situación de pobreza, y también de indigencia. Escuelas desprovistas en muchos casos, deterioro del salario docente a lo largo de muchos años y de diferentes gobiernos. La crisis educativa se ha ido profundizando, y en este sentido no podemos omitir la pandemia y sus consecuencias.
No obstante, existen acciones compensatorias del Estado para asistir a niños y niñas y a las familias —planes, becas, asignaciones económicas, más horas de clase—.
La escuela y sus docentes tenemos la responsabilidad de dar voz a los que no tienen voz, este es un enorme desafío que nos interpela.

 

«Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan;
sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos».

Federico García Lorca
Discurso inaugural de la biblioteca de su pueblo, Fuentevaqueros, 1931.

 

 

Enseñar vs. asistir

La situación actual de desnutrición de los estudiantes, sus malas condiciones de vida, sus dificultades para que el aprendizaje se haga efectivo ponen en relieve lo limitante del contexto en que se desarrolla la vida de muchos alumnos. Hoy un niño se desmaya en clase por no haber cenado, una niña llora por la violencia del bullying de sus compañeros, otro niño falta por no tener zapatillas, multitud de situaciones interfieren con lo educativo. En su práctica, el docente sufre su propio desamparo entre el abandono del Estado y de las escuelas por no contar con los materiales necesarios, por no cobrar un salario que le permita vivir adecuadamente, progresar, capacitarse. A su vez, la presión social en cuanto a lo que se espera de la escuela se expresa en las demandas crecientes que esta recibe.
La escuela es hoy la única institución pública destinada por la política social para la educación de niños y niñas y de las jóvenes generaciones, pero no es suficiente para dar cauce a las múltiples necesidades emergentes. En la escuela recaen cada vez más exigencias para dar solución a los problemas de las infancias, como sabemos esto da lugar a la paradoja entre enseñar o asistir, para luego poder desarrollar la práctica docente con niños y niñas que estén en una situación más favorable para aprender.
Es preciso que la escuela se centre en la función que le es propia, poniendo límite al exceso de acumulación de responsabilidades que, en definitiva lo que hacen es poner en riesgo de desaparición a la escuela pública y con ella a la democracia, «cómo compatibilizar el trabajo específico de transmisión de complejos patrimonios culturales con la aparición de tareas cada vez más diversas?; ¿cómo puede garantizar la escuela programas de profundidad cultural y científica que den a todos los niños la igualdad de oportunidades que requiere el funcionamiento de una sociedad democrática?» (Violeta Núñez).

 

Nico Hirtt sostiene que los problemas en educación provienen de un intento de adecuación profundo de la escuela a las nuevas exigencias de la economía capitalista. Lo que se está llevando a cabo es el paso de la «era de la masificación», que ha sido propia de la mitad del siglo XX, a la enseñanza en la «era de la mercantilización». Encuentra que el sistema escolar —el más imponente servicio público que jamás haya existido— está siendo llamado a servir más y mejor a la competición económica, y esto en torno a tres objetivos: formar más adecuadamente al trabajador, educando y estimulando al consumidor y abriéndose él mismo a la conquista de los mercados.

 

Accedé a la conferencia de Nico Hirtt sobre sus ideas sobre la relación escuela-mercados.

  • Nico Hirtt – «“La escuela bajo el control de los mercados: competición y competencias”. Español HD

 

 

Apostar a la educación como polea social en nuestros días 

Sin lugar a dudas la situación actual pone en tensión la ilusión de la educación igualadora. Nos lleva a pensar en los caminos para acompañar a los estudiantes en sus trayectorias y hacer posible la inclusión.
Desde la perspectiva del mercado la educación no es rentable (Hirtt), lo que va originando un deterioro educativo y, en consecuencia, un vaciamiento cultural que va aumentando la exclusión y pone en peligro al mismo sistema democrático, ya que sin horizontalidad para acceder a los derechos no hay democracia y la educación es la llave maestra.

 

 

La Pedagogía Social 

Entre los enfoques pedagógicos de las últimas décadas encontramos la Pedagogía Social, que es entendida como «un espacio para pensar, y también para poner en marcha cuestiones que tienen que ver con la igualdad y los derechos, en el marco de las nuevas condiciones económicas, respecto al acceso a la cultura, a la participación social y a la dignidad de las personas… el momento actual y sus desafíos nos llevan, en educación, a pensar y a actuar más allá (y más aquí) de la escuela o, dicho en otros términos, allí donde la escuela para poder constituirse como espacio de efectivo ejercicio de transmisión de saberes, requiere de otros partenaires sociales a fin de poder centrar su función» (Núñez, 2007).

 

La Pedagogía Social es la disciplina pedagógica desde la que se trabaja, teórica y prácticamente, en las complejas fronteras de la inclusión / exclusión. Apuesta a una educación anclada en los procesos de transmisión y adquisición de los patrimonios plurales de la cultura en un sentido fuerte. Deviene, pues, una práctica que pone en acto el derecho de todo ser humano a ser sujeto, esto es, inscripto en el orden simbólico. La condición es que el trabajo educativo (escolar y social) abandone la noción de perfiles poblacionales y se aboque a la atención de los sujetos particulares.
Entiende que posiblemente el primer paso para la transformación pase por reconocer en la práctica concreta a nuestros alumnos como sujetos de derecho con quienes consensuar propuestas, construir proyectos, discutir alternativas.
Podríamos pensar también en cómo dar soporte a la escuela para que re-centre su función en la transmisión de los valiosos legados culturales y trabaje en red con otras instituciones, para que niños y adolescentes puedan realizar sus experiencias de movilidad y confrontación.

 

Profundiza los conceptos sobre Pedagogía Social que presenta Violeta Núñez.

  • Comunicación UPC. «Cátedra abierta virtual – La Pedagogía y la Educación Social hoy… Conversando con Violeta NúñezCátedra abierta virtual»

 

 

Democracia y superación de las condiciones de origen 

Es necesario encontrar el camino posible para un desarrollo con goce pleno de los derechos de los niños, las niñas y adolescentes, para que las personas que son destinatarias de las acciones educativas puedan contar con los elementos necesarios para inscribirse en la cultura y tener un lugar activo en el mundo, superando las condiciones de origen en cuya elección no tuvieron chance de participar.

Graciela Frigerio entiende que es necesario dar batalla contra una sociedad que funciona como una máquina de etiquetar o clasificar las vidas…

 

«…porque para los niños —sin adjetivos descalificantes— aquellos para los que el origen raramente se significará como condena, las representaciones de los adultos reservaron la idea de una familia lo suficientemente buena, el espacio escolar, un imaginario, un orden simbólico cristalizado y probablemente ilusorio, pero con efectos concretos en las vidas reales, según el cual hijos y alumnos sería la mejor síntesis de su identidad» [para los otros niños], «lamentablemente en algunos territorios la adjetivación persevera y las prácticas que de ellas se deducen también, por eso es posible imaginar algunos ulteriores adjetivos calificativos descalificantes: pobres, amorales, anormales, huérfanos, en peligro, peligrosos, excluidos, marginales u otros equivalentes» (Frigerio, 2008).

 

Es imperiosa la necesidad de una profunda transformación para poner fin a las prácticas tradicionales que consideran que podemos enseñar lo mismo a todos, en la misma aula, en el mismo momento. Es necesaria una escuela que reconozca la diversidad de manera auténtica y no meramente declamatoria, que habilite la pregunta creativa, que incorpore las expresiones culturales a la vida cotidiana, que promueva espacios de ciencia y tecnología, que potencie el disfrute de aprender con otros.

Una postura más participativa en las políticas educativas por parte de quienes ejercemos la práctica docente es indispensable, ya que junto con el Estado somos corresponsables como garantes del derecho de nuestros alumnos a la educación. En los últimos años muchas de las medidas implementadas para garantizar la inclusión fueron solamente compensatorias, sin plantear políticas que representen una solución de fondo.
La esencia de una sociedad democrática reside en dar a todos sus habitantes las oportunidades de construir herramientas y alternativas que hagan posible el ascenso social, que faciliten superar las biografías y modificar las condiciones iniciales, de modo tal que no constituyan un determinismo al estilo de un destino, sino un camino que se pueda ir diseñando en libertad porque se lograron las capacidades y las competencias necesarias para lograrlo

 

 

Bibliografía

 

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