La sandalia de Nitocris

Tejer redes entre textos, estilos, estructuras, frases, personajes, es una gran experiencia para los lectores. Hallar en algún universo lo que nos era familiar en otro, el reencuentro de un saber gestado en un sujeto a partir de su lectura de un texto pasa a ser parte suya, pero lo es más aún cuando halla la resonancia de aquello en nuevas páginas y percibe los lazos que él es capaz de entretejer. La emoción de experimentar algo familiar en lo novedoso, el descubrimiento de lo igual, lo opuesto, lo semejante, lo análogo en distintos textos, nos hace más consistentes como sujetos de aprendizaje. Hay enlaces y sentidos que llevan y traen algo así como el infinito.

La sandalia de Nitocris
Anónimo egipcio

En un pequeño pueblo del Bajo Egipto vivía una joven de veinte años cuya belleza se asimilaba a la de una diosa. Su nombre era Nitocris.
Le gustaba ayudar a su padre que trabajaba como escriba de rebaños, contando cabezas de ganado y evitando las discusiones entre los ganaderos. Nitocris sabía leer, escribir y contar, y cuando su padre se jubilara, lo sustituiría.
Todos los chicos del pueblo y de los alrededores deseaban casarse con Nitocris, pero ella sólo compartiría su vida con un hombre al que amara con todo el corazón. Los jóvenes seguían insistiendo pero ella los rechazaba tajantemente. Su padre se extrañaba, incluso le proponía casamiento con el apuesto hijo del alcalde, pero ella no podía soportarlo.
Sus padres sólo deseaban la felicidad de la hermosa joven:
—Nitocris, solamente tú puedes elegir al hombre al que amarás como esposo.
La tarde estaba soleada y Nitocris salió a darse un baño al canal pensando que a esa hora nadie la molestaría.
Se quitó las sandalias, se desvistió y se metió poco a poco en el agua que gozaba de una temperatura deliciosa. Estuvo nadando durante mucho tiempo.
Por allí cerca, los chicos cazaban o jugaban a la pelota. Cuando la joven volvió hacia la orilla, un chico le hizo señas con la mano ofreciéndole su ayuda para salir del agua. Se trataba del hijo del alcalde, que muy orgulloso, armado con un arco y unas flechas, le regalaba una liebre que había cazado.
—No quiero tus regalos. ¡Aléjate de mí! —dijo Nitocris.
—¡Ni hablar! Deseo hablarte. Sabes que yo seré tu marido —contestó el joven.
—¡Jamás! ¡Nunca me casaré contigo!
Nitocris iba en busca de sus sandalias, cuando escuchó el ruido de un aleteo. Un halcón bajó hacia el suelo a gran velocidad cogiendo una de sus sandalias con sus garras, y de nuevo subió al cielo.
Cuando el hijo del alcalde tensó su arco apuntando hacia el halcón, Nitocris gritó:
—¡No tires! El halcón es el animal sagrado del dios Horus, el protector del faraón. Nadie puede matarlo.
El joven se fue muy avergonzado por su acción.
Un poco más tarde se celebraba el consejo de ministros presidido por el faraón en el jardín del palacio. El rey continuaba soltero y esta situación no debía alargarse más. La Regla exigía que reinara junto a él una gran esposa real, pero ninguna le interesaba.
Estaba pensativo y no prestaba atención al ministro, cuando de repente el halcón se abalanzó hacia el rey y dejó caer algo en sus rodillas. Se trataba de una sandalia, la más bonita que jamás había visto.
Rápidamente hizo llamar al jefe de guardia, y se dirigió a él enérgicamente:
—Envíe a sus hombres a todas las ciudades y pueblos y ordene que todas las muchachas se prueben la sandalia.
¡Encuentren a su dueña!
El hijo del alcalde iba hacia la casa de Nitocris, cuando vio a dos guardias cumpliendo el encargo del faraón.
No dudó en preguntar qué ocurría, a lo que le respondieron amablemente. Sólo les quedaba visitar la última casa del pueblo que se encontraba al final de la calle. El chico, al reconocer la sandalia de Nitocris, trató de evitar que la encontraran. Pero en ese momento la muchacha salió de su casa portando un ramo de flores de loto. El guardia, al verla, quedó impresionado por su belleza, y al probarle la sandalia comprobó que era suya.
Nitocris atravesó los inmensos jardines de tamariscos, sicomoros y palmeras, llegando a una enorme sala del palacio. El suelo estaba decorado con azulejos en forma de lotos y en las paredes se representaban preciosas pinturas con escenas de caza. Allí, en su trono, estaba sentado el faraón de Egipto.
La joven se arrodilló ante el faraón como muestra de admiración y respeto. El rey, portando sus insignias reales, la tomó de la mano y la ayudó a levantarse. Admirado por su belleza, el faraón le calzó la sandalia que le había hecho llegar el halcón. Nitocris era la esposa elegida por los dioses, y ella se había enamorado del faraón.
—Reinarás en Egipto junto a mí como Gran Esposa Real. Mandaré construir para ti una pirámide que inmortalizará nuestro amor y hará brillar tu nombre para siempre.

 

El cuento

Si se ha perdido una sandalia y es de mujer, si la tiene un joven de la realeza que busca a su dueña, si él es soltero y desea casarse… entonces, se trata de Cenicienta. Pues no. Esta protagonista es bella y soltera, está deseosa de enamorarse, pero tiene padre y madre que la aman, no padece una madrastra mala ni está obligada a los quehaceres más humillantes por malas hermanastras, y no habrá hada madrina ni carroza, no la ama un príncipe sino un faraón.
Nitócris, en la Antigüedad no huye del trabajo, es parte de sus planes para el futuro, rasgo asombroso para la época sobre todo si tenemos en cuenta que haría el trabajo de su padre y no el de otra mujer. Pero el amor y el final feliz del matrimonio la iguala con la mayoría de las heroínas: enamorada y ascendida a la realeza, será feliz por siempre. Por siempre quiere decir: en nuestro sueño dorado de lectores.
Cuántas semejanzas y cuántas diferencias con nuestra clásica Cenicienta.
Qué rico puede ser el espacio de comentarios de efectos si antes se ha leído la tradicional. Tradicional para Occidente, pero, según dicen, originada en China por aquello del pie pequeño que se producía mediante vendajes deformantes para que las niñas casaderas tuviesen un aspecto y un andar delicadísimos. Buen tema para investigar en otras áreas a partir de algunos cuentos que nos remiten a culturas distantes en tiempo y espacio, en valores y costumbres y en relación con Expresión Artística e Historia. descontextualización que permite generalizar y expandir ideas, con el enriquecimiento personal por medio de la experiencia estética.

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