Repensar las efemérides en la escuela

La conmemoración de fechas destacadas en el calendario escolar es una práctica fuertemente instalada en nuestro sistema educativo. Sin embargo, su origen y los contenidos que evocan entran en tensión con algunos enfoques actuales de las Ciencias Sociales. Por eso nos proponemos indagar en las formas de resignificar las efemérides y repensar
su sentido en la escuela actual.

La conmemoración de fechas significativas del pasado es tan antigua como las culturas humanas. Estos actos se constituyen en momentos de encuentro, de transmisión cultural, socialización y estrechamiento de los vínculos intergeneracionales. Todos los pueblos establecen momentos para recordar los eventos significativos de su pasado. En la Argentina, la Revolución de Mayo ha constituido un momento fundacional en el imaginario nacional. Pocos años después de 1810 comenzaron a celebrarse fiestas cívicas. En esas «fiestas mayas», como se las denominaba, el pueblo celebraba el cumpleaños de la Patria. Estas fiestas populares en las que la comunidad recordaba el pasado común siguieron celebrándose durante el siglo XIX.
En la década de 1880 las celebraciones patrias comenzaron a ocupar un lugar destacado en la dinámica escolar. A partir de ese momento las fiestas cívicas fueron tomando un carácter patriótico de tipo nacionalista, con una connotación moralizante y emotiva.

 

La conmemoración de fechas significativas del pasado es tan antigua como las culturas humanas. Se trata de actos que se constituyen en momentos de encuentro, de transmisión cultural, socialización y estrechamiento de los vínculos intergeneracionales.

 

Escuela, identidad nacional y efemérides

Hacia fines del siglo XIX el recordatorio de las efemérides asumió un formato más estereotipado y formal en el ámbito escolar. En el año 1884 se dictó la Ley 1420, que sentó las bases para la educación pública y la escuela asumió, en ese contexto, la función de aportar a la construcción de la nacionalidad y el sentimiento de pertenencia e identidad colectiva de los habitantes. El país vivía entonces un período de apertura hacia el mundo. Millones de inmigrantes llegaban a estas tierras procedentes de distintas naciones. Por otra parte, las identidades provinciales todavía estaban muy presentes, y la mayoría de las personas sentían más apego hacia ellas que hacia la pertenencia nacional. Era necesario que personas tan diferentes entre sí, con diferencias en sus costumbres y con lenguas distintas, pudieran sentirse parte de esta nueva patria que los recibía. Para ello, el Estado implementó acciones que hicieron posible la transmisión de una tradición y una historia común; adquirieron de este modo un lugar fundamental los símbolos patrios, los monumentos a los próceres, la creación de museos y otros sitios históricos y, sobre todo, los festejos patrióticos. En este proceso, la escuela se constituyó como una herramienta de cohesión social y cultural; era el lugar apropiado para homogeneizar identidades, unificar saberes y costumbres, aprender un idioma común y conocer el pasado, condiciones a partir de las cuales podía crearse un proyecto colectivo de futuro para una población de procedencia tan diversa.

 

Efemérides: entre el mito y la historia

En su obra Efemérides, entre el mito y la historia, Perla Zelmanovich analiza los vínculos entre las conmemoraciones patrias y los mitos de origen de la nación. Las fechas patrias que se recuerdan tienen un hilo conductor: se refieren al problema del pasado en común. Esta cuestión entraña una necesidad universal del hombre de saber acerca de su origen, necesidad que forma parte de una cadena simbólica cultural que lo precede y que hereda de sus antecesores. Ese enigma del origen, que remite a la eterna interrogación acerca de sí mismo, no como individuo sino en tanto sujeto inscripto en una cultura, encuentra respuesta en los mitos. Por eso, escuchar relatos sobre los hechos del pasado despierta tanto interés y placer. Estas narraciones son un nexo entre la cultura y la historia colectiva, por lo tanto, generan vínculos de pertenencia a una nación, comunidad, pueblo.
Desde esta perspectiva Zelmanovich nos propone pensar la celebración de los hitos fundamentales de nuestra historia patriótica: el 25 de Mayo o el 9 de Julio, entre otras fechas que aún se conmemoran. Cada conmemoración define maneras de actuar y rituales que transforman las actividades y los actos escolares en prácticas uniformes y solemnes. En este marco adquirieron sentido ciertas acciones y procedimientos como, por ejemplo, la obligación de enseñar y aprender a cantar el Himno Nacional, el saludo a la bandera al comenzar y finalizar la jornada escolar, la Promesa de la bandera en 4° grado o el protocolo a seguir en la organización de los actos: la ubicación de la bandera y de los asistentes, los distintos momentos, etcétera.
También las formas modélicas del acto escolar pueden ser pensadas en esta clave. Tanto en el pasado como en la actualidad, las rutinas y rituales escolares tienen tres momentos bien diferenciados. En primer lugar, el momento ceremonial, en el que se honran los símbolos patrios. Luego el momento discursivo, es decir cuando las autoridades, los docentes o los alumnos dirigen unas palabras alusivas en las que narran los hechos históricos conmemorados y establecen su vinculación con el presente. Finalmente, el momento asociado a lo expresivo, en el cual se lleva adelante alguna representación artística relacionada con los sucesos recordados.
Las celebraciones de las efemérides patrias tienen carácter obligatorio y están reglamentadas oficialmente. Son fundamentales para reforzar los valores, la identidad como país y la continuidad con el pasado común desde el cual pensar y comprender el presente. De hecho, en la actualidad la escuela es uno de los pocos lugares donde la conmemoración formal de las fechas patrias se mantiene inalterable. Por otra parte, la celebración de las fechas patrias en la escuela instituye un espacio para el encuentro de toda la comunidad educativa. Son también una posibilidad de conservar la memoria colectiva, un legado que se transmite de padres a hijos, de educadores a estudiantes.
Tal como mencionamos, los actos escolares constituyen rituales y, como tales, implican una serie de procedimientos y prescripciones de comportamiento fuertemente reguladas y que se reiteran con cierto grado de invariabilidad. Los rituales son acciones socialmente reconocibles que se repiten en el tiempo y están cargadas de sentido. Representan una experiencia colectiva ligada a lo emocional. La escuela, en tanto organización, incluye prácticas y relaciones interpersonales, conductas, hábitos y ritos, modos de pensar, así como significados e ideas compartidas, usos del espacio, el tiempo y el lenguaje. Está plagada de rituales que, a partir del origen mismo de la escuela pública argentina, forman parte del paradigma patriótico.

 


Accedé a un artículo de El Monitor de la Educación (21), 26-32.

Como señalamos, las ceremonias patrióticas escolares suelen seguir una forma predeterminada, una cierta organización del espacio que establece la ubicación central de la bandera y la disposición del público y del alumnado, glosas y discursos que se parecen entre sí, independientemente de la fecha que se recuerde. Los rituales cívicos constituyen formas de teatralización del poder que contribuyen a crear la idea de Estado-Nación y están directamente ligados a la invención de la memoria, el presente y el futuro como utopía. Los rituales escolares y actos (que son formas particulares del ritual, marcados por el calendario escolar pautado por las efemérides) movilizan aspectos muy distintos dentro de las instituciones escolares. Ponen en juego dinámicas institucionales que tienen que ver con la división del trabajo entre colegas, la organización del calendario escolar y las relaciones interpersonales entre colegas y con los alumnos y las familias.

 

Los rituales cívicos constituyen formas de teatralización del poder que contribuyen a crear la idea de Estado-Nación y están directamente ligados a la invención de la memoria, el presente y el futuro como utopía.

 

¿Conmemorar efemérides o enseñar Ciencias Sociales?

El objetivo de generar sentimientos patrióticos, que tomó mayor impulso a partir de los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo de 1810, refleja un modelo positivista de entender la historia, que se caracteriza por imponer una «anecdotización» de los hechos y la «banalización/sacralización» de los próceres. Los docentes, de manera más o menos consciente, muestran en los actos una versión simplificada de la historia que valida un proyecto nacional. Conceptos como nación o pueblo son en realidad ficciones orientadoras que responden a interpretaciones lineales y estáticas que se presentan como «algo objetivo y neutral» ajeno a los propios sujetos. La información aparece recortada y se prioriza un contexto en desmedro de otro.
Muchos de los actos y rituales que la institución educativa puso en práctica a lo largo de su historia tenían el propósito de contribuir al proyecto nacional y de modelar a los sujetos para transmitir la promesa de una patria grande basada en el orden y el progreso. Tal como mencionamos anteriormente, se hacía necesario crear una «versión oficial» de la historia y la nacionalidad que representara la configuración de intereses dominantes en la sociedad y la exaltación de aquello que era considerado socialmente legítimo. Los representantes de las elites dominantes advirtieron, además, que el proceso social y cultural no podía abandonarse a su «movimiento espontáneo» y que el Estado nacional debía prestar atención a las celebraciones de las llamadas «fiestas patrias», a la colocación de banderas, escudos y estatuas en los espacios públicos y a la enseñanza del pasado en la escuela. Los rituales toman importancia como productores y transportadores de códigos culturales, representan modelos culturales de conducta que se fueron encarnando en las maneras de actuar, posturas, gestos corporales y rutinas que atraviesan la dinámica escolar.

Ahora bien, las efemérides involucran, más allá de su contenido emocional y ritual, una serie de saberes vinculados especialmente con las Ciencias Sociales. Esta particularidad hace que en muchas ocasiones resulte complejo, tanto para docentes como para directivos, diferenciar entre la conmemoración de la efeméride y el trabajo áulico de contenidos. Esto genera situaciones en las que los docentes se ven obligados a interrumpir el abordaje de los contenidos de Ciencias Sociales planificados para dedicar una clase (o más) a llevar adelante actividades vinculadas a la efeméride más relevante del mes, independientemente de que los contenidos que involucra no formen parte del curriculum de ese año. Esta confusión se resuelve diferenciando claramente lo que supone la participación en un acto (ya sea de un grupo completo o de alumnos aislados) del trabajo en Ciencias Sociales. Es importante que todos los chicos entren en contacto con la efeméride del mes, pero en una breve alusión que puede ser efectuada en cualquier área por el docente a cargo, y no trabajando esos contenidos en forma descontextualizada.

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Bibliografía

  • CARRETERO Mario, ROSA Alberto y otra (compiladores). (2006). Enseñanza de la historia y memoria colectiva. Introducción y Capítulo 1. Buenos Aires: Paidós.
  • ZELMANOVICH Perla y otras. (1997). Efemérides entre el mito y la historia. Buenos Aires: Paidós.

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